miércoles, 15 de febrero de 2017

Stranger Things 2 y el Carnaval de Ceuta en 1985

Si no has visto la serie Stranger Things todavía quizá sea porque no perteneces a mi misma generación o a lo mejor que no te interesa demasiado este tipo de series, o la literatura relacionada con la fantasía o la ciencia ficción. No pasa nada. No voy a hablar sobre la serie en sí, tal vez, voy a hacer más hincapié en la curiosidad de un detalle o en que durante mi infancia se conoce que viví algún paralelismo con los niños protagonistas: Dustin, Mike, Lucas y Will. Que bien podrían haber sido mis mejores amigos. Misma edad, mismo perfil. Interesados más en las aventuras y en la imaginación que en el fútbol de patio de recreo. 

La fotografía que la productora ha utilizado y que ha servido para adelantarnos parte de la trama y poner en situación la segunda temporada de la serie me ha causado muchísima impresión e impacto. Y os contaré por qué. 

Como  habréis visto, los chicos aparecen en esta ocasión ataviados con el disfraz de Los Cazafantasmas, película que se estrenó en España en Diciembre de 1984. Yo sólo tenía 9 años por aquel entonces (La edad que tiene ahora mi hija mayor). Y por aquel entonces yo pasaba mi infancia con mis padres y mi hermano en la ciudad autónoma de Ceuta. Si me hubieran hecho una instantánea en Febrero de 1985 con mis amigos, Antonio, Alejandro y Jorge, habría sido muy parecida a esa foto, porque me confeccioné con la ayuda de mi madre mi propio disfraz de Cazafantasmas. 

La idea era juntarnos los 4 amigos del colegio San Agustín y disfrazarnos, para salir juntos y sumarnos a la gran cabalgata de Carnaval. Aunque ellos no quisieron disfrazarse de Cazafantasmas como vemos en la fiesta de Halloween de los chicos de Stranger Things. 

Jorge y Antonio prefirieron disfrazarse de matrimonio de ancianitos, y se caracterizaron muy bien, de hecho estaban muy simpáticos vestidos de abuelito y abuelita. Y Alejandro que por aquel entonces era un muchacho espigado y delgadito, con unos ricitos rubios muy divertidos, se disfrazó de Gran Héroe Americano con retales de lo que encontramos en mi casa: un Skijama rojo muy futurista, unas botas de agua rojas y una capa que le consiguió mi madre. Y quedó bastante logrado también. Era como una versión niño de William Katt.

La elaboración de mi disfraz de Cazafantasmas me llevó varios días. Mi madre y yo tuvimos que conseguir un mono militar (el más pequeño que pudimos encontrar, gracias al padre de un buen amigo mío que era teniente del ejército en el cuartel de Regulares en Ceuta) y que mi madre tuvo que remangar para que no me quedase tan largo. Después me dediqué a dibujar, colorear y forrar con papel adhesivo el logo de los Cazafantasmas, que por aquel entonces, no penséis que era fácil de conseguir una foto para poder copiarla a mano. Ni de lejos. Lo tuve que manufacturar yo mismo. Y mi madre me cosió los logos en los brazos del mono militar.
Faltaba un detalle muy importante: el equipo de Cazafantasmas. Ese disparador nuclear de protones que llevan colgados a la espalda a modo de mochila ... Y del que cuelga una manguera que es el disparador para neutralizar a los fantasmas. ¿Cómo conseguir algo semejante en el año1985? 

Pues se me ocurrió vaciar el contenido de una caja de detergente. los que lo recordéis, sabréis que por aquel entonces, los niños de mi generación usábamos los botes de detergente Colón para guardar las piezas de Tente, nuestro juego de construcción favorito ¡Y español! (Cuántas horas y horas habremos jugado con los Tente impregnados con lo que quedara de aquellos polvos de detergente, y aún así hemos sobrevivido). Los botes de Colón eran cilindrícos en forma de cubo pero los de Ariel tenían una forma rectangular y un tamaño, que forrado de papel negro y haciéndole unos orificios para ponerle unas asas a modo de mochila, darían bastante bien el pego. Además, en los extremos de la caja también pegué el particular logo de Los Cazafantasmas.

Y sí, ya sólo me quedaba conseguir la manguera para el equipo de protones... Pero lo tenía todo previsto. Utilicé la manguera de la aspiradora que teníamos por casa. Hice un agujero perfecto para que saliera de la caja de Ariel y en la punta le coloqué con cinta aislante un bote de serpentina líquida. Ese detalle final simularía la ilusión perfecta para dar el juego perfecto al disfraz. El problema es que la serpentina estaba pegada en paralelo a la punta de la manguera, así que el chorro salía lateralmente. Nada es perfecto. 


El caso es que finalmente salimos en la Cabalgata de Ceuta, los cuatro amigos, todos juntos, cada uno disfrazado de lo que le pidió el cuerpo, hicimos todo el recorrido por la ciudad riéndonos y disfrutando del ambiente y de la tarde noche de Carnaval. 

No matamos al demogorgon. Ni ninguno de nosotros se perdió por el camino o cruzó al otro lado, a una segunda dimensión. Pero está claro que los chavales de Stranger Things son tan molones como lo fuimos nosotros ese mismo año. Aunque nuestro año fue real y éste, el de la serie, más inventado. Pero es hermoso revivir todos aquellos momentos de la infancia y aquellos recuerdos retro como el Tente en el bote de Colón, el Spray de serpentina, Los Cazafantasmas, el Carnaval de Ceuta... Y, por supuesto, mis amigos. 

Ojalá tuviera una única foto como testimonio único de aquel inolvidable día.