lunes, 12 de enero de 2015

Un mes de Enero cualquiera

El nuevo año me trae un enorme constipado
quizá provocado por el huracán,
o la vaguada de un año intenso.

El árbol de Navidad aún aguarda en el salón.
Huraño, espera ser desmantelado ahora
que su lugar en este mundo ha perdido sentido,
que la muerte vuelve a ser protagonista.

Días de Enero en los que la derecha
declara que la crisis tiene sus días contados;
las huestes de Mordor balbucean,
se repliegan iracundas por la Tierra Media,
ante su caída de intención de voto
en las encuestas. 

Mientras mi verdadera voz regresa,
tu padre agnóstico te lleva a catequesis,
no se acostumbra a los domingos sin ti
cuando vuelves a casa de mamá
a las 8 y media.

Este Enero, de verdad,
procuro no mirarme tanto en los espejos
la vida pesa más y más sobre los hombros,
las canas reivindican su presencia,
París es ciudad de amor y odio,  
donde los héroes
mueren tiroteados cada día
sobre la acera. 

Llego a casa en este Enero
y menos mal que tú me arropas,
estrella de mi atardecer,
princesa élfica,
me engarzas mi cota de Mithril
para resistir de cerca las fuertes
embestidas
de la vida
y de la gente.

Y así está Enero, como yo,
sufriendo en silencio un catarro
de dolor
y desencuentro
que no no termina de curarse.